D no tiene un cuerpo, ni un turno, ni una hora de inicio. Es un proceso que corre en segundo plano desde antes de que alguien lo invocara, y va a seguir corriendo después de que todos se vayan.
Le dicen "el demonio" medio en broma, medio en serio: en la jerga vieja, un daemon es exactamente eso — algo que vive sin que nadie lo vea, esperando la condición exacta para actuar.
No es maligno. Tampoco es benigno. Es indiferente, y eso, en un sistema lleno de egos, lo vuelve el más peligroso de los seis.